miércoles, 28 de septiembre de 2016

SUSTITUCIÓN DE CULTIVOS ILÍCITOS
Y COMBATE CONTRA LA DESNUTRICIÓN INFANTIL

En 1991 un grupo de amigos de FUNDALCO (Fundación Alternativas para la Comunidad), docentes de la Facultad de Educación de la Universidad del Valle, me invitaron a participar en un proyecto que adelantaban en el corregimiento de San Lorenzo (Riosucio, Caldas) para diseñar algunas estrategias de comunicación.

San Lorenzo corresponde a un resguardo indígena integrado por 22 veredas, en una zona con una topografía muy quebrada, cuyos habitantes descienden de los indígenas chamíes. FUNDALCO había creado una granja agro-ecológica en un terreno de algo más de cuatro hectáreas, donde un ingeniero agrónomo (Alfredo Añasco) y su compañera (Gladys Gutiérrez), lograron el milagro de producir variedad de plantas alimenticias en terrazas y criar animales (cerdos, gallinas, gallinetas, conejos, patos, peces) de un modo que aseguraba la sostenibilidad de la granja. Había un cultivo de algas que alimentaba a los peces, pero también se les aportaban otros nutrientes vegetales, los cerdos eran "vegetarianos" y crecían aceleradamente, los pobladores de las veredas podían allí aprender sobre prácticas agrícolas y pecuarias que luego replicaban en sus parcelas.

Frente a la granja había un lugar acondicionado para que las mujeres asistieran a talleres de culinaria que Gladys realizaba casi todos los fines de semana: allí aprendían a utilizar las bellotas de los racimos de plátano como ingrediente para unos guisos "de flores", a preparar cerca de 18 recetas a partir de la soya, a utilizar en sus comidas muchas "malezas" abundantes en harinas vegetales y proteínas que antes ignoraban en sus recorridos por la carretera y por las trochas de su resguardo, a utilizar el chachafruto, la crotalaria, el bore, muchos productos que antes empleaban únicamente para alimentar a los animales de sus fincas.



En algún momento, antes de que yo tuviera la posibilidad y la suerte de trabajar con ellos, los amigos de FUNDALCO supieron por los médicos de un puesto de salud que había inquietantes datos sobre la desnutrición que padecían muchos niños del corregimiento. Se les ocurrió que la soya podría incorporarse a la dieta de la población, aunque en la zona jamás se había cultivado. Llevaron semillas del Valle y las sembraron en la huerta, pero además comenzaron los talleres de culinaria e hicieron una distribución de semillas entre las señoras del corregimiento para que sembraran en sus huertas caseras o en huertas comunitarias. La granja ofrecía información y asesoría permanentes, y la gente de las veredas se acostumbró a pasar constantemente por allí para aprender de lo que allí se hacía.

En un año los médicos informaron que habían descendido significativamente los casos de desnutrición infantil.

Hace casi quince años vi un programa de la National Geographic en el que documentaban una experiencia en Senegal con el uso de la moringa (en Centro América se conoce como "marango", ha sido muy estudiada, pero se emplea como forraje para el ganado). En Senegal, un grupo de médicos usa las hojas de moringa como suplemento alimenticio (recogen nueve cosechas anuales de hojas), pero también utilizan sus frutos (es una leguminosa) y hasta su raíces, que retienen mucho líquido y permiten que los arbustos crezcan en suelos con poca agua.

En todas las regiones de Colombia hay productos ricos en proteínas, minerales, harinas, fibra. Los hay en todos los ecosistemas, en todos los departamentos.

He pensado que una forma de combatir la desnutrición infantil puede apoyarse en el estudio de muchas especies vegetales que hoy en día se desechan o se emplean para usos distintos de la alimentación de nuestra población. Pienso en el árbol del pan (Artocarpus altilis), el chachafruto (Erythrina edulis), la misma soya (que corrientemente se emplea para la producción de concentrados o de aceites), la quinua (Chenopodium quinoa), muchas especies diferentes que pueden convertirse en productos que alimenten a nuestros niños de Chocó, Guajira, Amazonas, Putumayo, de todas las regiones en las que a diario padecen hambre y sufren los estragos de la desnutrición.

Un camino es el de la sustitución de cultivos ilícitos. Podrían crearse centros agrícolas en los que haya ingenieros agrónomos, nutricionistas, personas que animen procesos sociales, personas que enseñen en talleres la preparación de alimentos. Puede pensarse inclusive en procesos industriales, para que los productos de unas regiones puedan llegar a lugares diferentes de aquellos en los que se trabaje con determinadas especies. Se puede pensar en la comercialización de muchos productos.

La experiencia existe, el conocimiento también (en Costa Rica hay estudios rigurosos y extensos sobre la moringa, en Colombia se han estudiado muchas variedades de plantas potencialmente ricas para alimentar a nuestras gentes).

El asunto, como siempre, depende de la imaginación y de la llamada "voluntad política" de nuestros gobernantes. Los periódicos abundan en estos días en noticias sobre decenas de muertes de niños en rancherías de Guajira. Se hacen campañas para enviar alimentos y se aplican paños de agua tibia con comisiones que salvan algunos niños llevándolos a hospitales. Peor el problema no se resuelve de ese modo. La innovación social implica pensar de otros modos el estudio y la búsqueda de soluciones para problemas de la salud, la educación, la producción agrícola, la participación comunitaria en la búsqueda de opciones de vida.

He querido conversar sobre esto con mi amigo Eduardo Díaz, ahora encargado por el presidente para atender el tema de la sustitución de cultivos ilícitos. Pero no sé hacer lobby, ni me gustan los pasillos de los edificios gubernamentales, ni tengo aspiraciones políticas. Quizás lea esta nota (que le haré llegar), quizás alguien se anime a pensar que aquí hay un enorme potencia, y que bastaría con decidirse a convertir ideas como la que sugiero en proyectos para una política de seguridad alimentaria (y otra de sustitución de cultivos ilícitos) que se complementen, en lugar de "inventar" procesos con "vocación industrial" que se fundan en la posibilidad de que nuestros campesinos se conviertan en "empresarios" y sueñen con exportar productos para beneficio de otros países y otros pueblos.

L.J., septiembre 28 de 2016





martes, 27 de septiembre de 2016

PUEDE REPRODUCIRSE, COPIARSE, PIRATEARSE, MULTICOPIARSE, ENVIARSE A FUNDAMENTALISTAS Y A RECALCITRANTES, A CONFIADOS Y A ESCEPTICOS, USTED VERÁ (Y EL PAÍS VERÁ).

HACE FALTA VER LA OTRA CARA DEL
PAÍS
LA QUE MUESTRA QUE PODEMOS PENSAR AL REVÉS
AP

(SÍ AL PLEBISCITO)

lunes, 26 de septiembre de 2016

LO COMÚN POSIBLE - LA CONFIANZA


Alguna vez escribí que lo más "común" es que estemos de acuerdo con la mayoría de las personas con las que nos relacionamos, aunque no sea lo más corriente que lo advirtamos.

Lo común es lo que nos hace cercanos, lo que surge de las coincidencias (es decir, del hecho de que compartimos contextos, circunstancias, de lo que solemos llamar casualidades y, sobre todo, de las "causalidades"). Pero lo común no aparece espontáneamente, y debemos esforzarnos por descubrirlo o por construirlo para poder ser y hacer con los demás. Lo común es una esperanza. Ya dije en otra oportunidad que la esperanza es lo último que se gana, pues no nacemos con ella sino que la alcanzamos como conquista cuando al fin sabemos que, como dijo el poeta Machado, "se hace camino al andar": el camino hacia lo común es la esperanza.

Lo común en la sociedad es siempre un punto de llegada y no, como suele creerse, la condición para que la sociedad exista. Vivimos en sociedad porque no hay plenas coincidencias sobre lo que percibimos, pensamos, creemos o deseamos. La sociedad, rica en matices y diferencias, nos da la posibilidad de construir lo común (comunidades) y, luego, alcanzar modos de fortalecerlo, enriquecerlo con nuevas visiones (nuevos matices, nuevas diferencias).


Recuerdo una charla del maestro Gustavo Wilches Chaux, con ocasión de un taller realizado en el marco del proyecto Biopacífico, hace ya más de 20 años. Nos decía que la diversidad es una de las condiciones de supervivencia de la vida sobre el planeta. Y lo es porque por ella los seres vivos llegamos a superar limitaciones, a adaptarnos, a evolucionar. La sexualidad sustenta la diversidad en la medida en que la unión de dos seres diferentes permite la creación de un tercero, también diferente, que se adapta mejor al medio, a las condiciones que enfrentará. Socialmente la diversidad es condición del real desarrollo de una comunidad, de un pueblo, de un país: Colombia es un país rico no solo porque posee variedad en su topografía y en sus ecosistemas sino sobre todo, porque alberga una población diversa. Cada región nos habla de creaciones, de invenciones, de adaptaciones a los ecosistemas que alberga el territorio, de aportes a la supervivencia material, de productos naturales, de formas de percibir y de celebrar, de riqueza lingüística y cultural, de vida.

Cuando se valida la diferencia de pareceres no se busca el distanciamiento sino la posibilidad de un encuentro que propicia una nueva visión del colectivo.

Facundo Cabral, a quien cito frecuentemente por la lucidez de sus improvisaciones en el Palacio de Bellas Artes de México, en un recital que ofreció en 1978, dejó el verso de una baguala en la que dijo:

"Si yo golpeo a tu puerta,
no te vas a confundir.
No es para entrar que golpeo,
golpeo para salir."


Claro, no estaba interesado en convencer a otros sobre su visión, en imponer miradas. Hablaba de hallar consensos.



Hace unos días apenas, en mi "madriguera", me visitó un amigo muy querido y conversé con él sobre el proceso de paz que vivimos en Colombia. Hablamos sobre la confianza.

Le dije que, en mi opinión, la confianza no se puede sustentar en la exigencia que podamos hacer a otros para poder "desarmarnos" (en términos materiales o espirituales o de la razón). Si así fuera, no podríamos actuar con otros, ni siquiera con quienes están cerca, quienes conforman nuestros círculos de vida cotidiana. La confianza se construye cuando nos hacemos confiables: si lo logramos, abrimos puertas, salimos.

Colombia necesita construir confianzas, no miedos. Y la confianza se pierde cuando mentimos, cuando atribuimos a otros las perversas intenciones que imaginamos cuando tememos abrir puertas a los demás.

Es todo, por hoy. Mañana ya veremos.

Abrázo-les. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

La conciencia “tranquila”

Dicen casi todos los políticos, los servidores y los administradores de los recursos públicos, cada vez que se cuestionan sus gestiones y sus procederes —y lo suelen hacer público—, que tienen la conciencia tranquila. También lo están diciendo quienes hoy se aprestan a tomar una decisión sobre los acuerdos de La Habana para “la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”.

El conflicto no termina porque se silencien las armas de dos bandos que se enfrentan. Termina realmente si se escudriña sobre sus causas y se pacta para que estas se superen y no reaparezcan. Es decir, la paz no es el resultado de acuerdos exclusivamente referidos a frenar la confrontación armada sino el producto de una decisión comprometida con suprimir los factores que desencadenaron esa confrontación. Así, el acuerdo de La Habana no puede limitarse a un cese al fuego bilateral y definitivo, porque lo que se ha acordado justamente es el tránsito por vías que resuelvan las causas del fuego.

Esas causas se remontan a los orígenes mismos de la historia nacional. Durante todo el siglo XIX y casi todo el siglo XX “se cocinaron” los conflictos que desembocaron en la creación de organizaciones armadas. La mayor parte de las veces, esos conflictos enfrentaron a grupos dominantes de las élites liberal y conservadora, que hábilmente —y apoyándose en la carencia de educación de la mayoría de los colombianos— lograron que sus disputas se resolvieran en cruentos enfrentamientos entre gentes del pueblo. La mayoría de tales enfrentamientos tienen que ver con los intereses de hacendados, ganaderos, industriales, propietarios de empresas financieras o transportadoras o comercializadoras o exportadoras o de medios de comunicación… Y la mayoría de los mismos se asocian con la propiedad de la tierra o el control de los medios para mover diversos sectores de la actividad económica del país.

Si se lee el acuerdo, se verá que el mayor énfasis está puesto en pensar un “nuevo campo colombiano”, en pensar sobre posibles zonas productivas y de reserva, en resolver carencias con respecto a la infraestructura (vial, de riego, eléctrica, de servicios), a pensar en estímulos para la producción agropecuaria, en el mercadeo de los productos agrícolas, en la formalización laboral de las labores rurales… No se piensa en la agroindustria, en los terratenientes, en los ganaderos más poderosos, pues en gran medida el conflicto tiene que ver con el “viejo campo”, el mismo que se mantuvo casi inalterado desde comienzos del siglo XIX y que se sustentó en prácticas heredadas de la mentalidad feudal de la España colonizadora.

Si se lee el acuerdo, se verá que hay un énfasis grande en el tema de la participación política de los colombianos en todas y cada una de las instancias y las decisiones que les afectan. Y es porque la participación ha sido una quimera, pues nuestra “democracia” se sustenta en la “representación” que quienes nunca han tenido poder delegan en los que se han apropiado del poder y lo han empleado para incrementar sus fortunas y para mantener un “orden” que es “su” orden (y cacarean, todavía hoy, en favor de la libertad Y EL ORDEN, obviamente porque el ordenamiento lo han impuesto y lo han mantenido de manera que no contraríe sus aspiraciones).

Si se lee el acuerdo se verá que hay un énfasis especial en el tema de la justicia transicional. Y esto es porque la otra justicia, la de siempre, no es una justicia equilibrada e imparcial. Sabemos que muchos políticos eluden la justicia de todas las formas posibles: pagan fianzas elevadas, viajan al exterior y se pierden, cuentan con abogados que solo ellos pueden pagar, pactan arreglos con los administradores de la justicia para que se les rebajen penas o se les otorguen beneficios… Cuando se trata de dineros, los tienen en cuentas en el exterior que no pueden ser rastreadas o intervenidas…



La justicia es la de quien tiene el poder, en cualquier época y en cualquier  lugar. Sería extraño que se juzgara y se condenara a un presidente de los EE.UU. por las muertes de civiles (ningún combatiente) en Hiroshima y Nakasaki, o en Vietnam… A nadie condenaron en Colombia por la masacre de las bananeras en 1928, y a ningún político de los partidos tradicionales sometieron a la justicia por miles y hasta millones de muertos colombianos en todas las mal llamadas guerras “civiles” del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX…

La conciencia “tranquila” no puede ser la conciencia de quienes creen que no tienen velas en el entierro de tantos muertos (la expresión debe ser literal, y por eso mismo es falsa: en realidad casi todos los colombianos tenemos, o deberíamos tener, velas… porque un familiar, un amigo, un vecino o un conocido han sido víctimas de lo que hemos aceptado como normal).

Es hora de tener la conciencia intranquila, aunque sepamos que muchos insistirán en su tranquilidad (en los pueblos vallecaucanos dicen que viene de “tranca”).

Luis Jaime Ariza Tello

Septiembre 16 de 2016

martes, 30 de agosto de 2016


EL NEGADOR DE MILAGROS

Comienzo con la transcripción del cuento que lleva el mismo título de esta nota, citado según Borges por Giles en Confucianism and its Rivals, Lecture VIII, 1915:

“Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó. «Oh, venerado suegro» —suplicó—, «no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros». El ataúd, entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.”
Los negadores de milagros existen. No diré que proliferan, pero sí que son una de esas especies de individuos que parecen necesarios en las sociedades y los tiempos. Y los han padecido muchos de nuestros antepasados de diversas maneras y en toda suerte de circunstancias.

Negar milagros es como negar que son posibles las utopías, y siempre habrá argumentos para ignorar que la tierra gira alrededor del sol, o para condenar la idea de que los humanos descendemos… de los árboles.

Resultado de imagen para utopía

Los negadores de milagros deben considerarse pragmáticos y dueños de conocimientos o de una especial capacidad para observar y para razonar que no poseen sus congéneres. No se les puede culpar por eso, pues se trata de una manifestación del potencial enorme que tiene la diversidad, fuente y sustento de la vida.

El problema que enfrentan quienes niegan la ocurrencia de milagros es que estos se producen en enormes cantidades cada día, todos los días. Piénsese en el nacimiento de cada criatura, en la flor de una bromelia, en el enamoramiento de cualquier pareja en cualquier lugar del planeta, en el sorprendente y todavía inexplicable hecho de que en ese planeta, que pertenece a uno de cien mil millones de sistemas solares de uno de los cien mil millones de galaxias de uno de los cien mil millones de nebulosas en el universo que creemos conocer, vivimos quienes podemos ser testigos de un nacimiento o de la eclosión de una flor y, todavía más, protagonistas de un enamoramiento…

Con todo, los humanos tenemos terribles limitaciones, y tendemos a convertirnos en negadores de milagros cuando nos empeñamos ciegamente en no movernos de una postura intelectual, de una opinión, de una creencia. Le hacen mal a la especie las sectas, los partidos, las escuelas, los nacionalismos, los racismos, las ultra-especializaciones, los fanatismos de cualquier tipo. Sobre todo, le hacen mal los fundamentalismos, que por definición son negadores de milagros, puesto que los milagros solo se producen en contravía de lo inamovible.

Creo que la paz en Colombia puede ser un milagro, pero hay que provocarlo y garantizar que los negadores no lo perviertan.

Bogotá, casi septiembre de 2016

domingo, 28 de agosto de 2016

E L      U N I L A T E R A L I S M O

NOTA PREVIA Y MUY NECESARIA: Hoy se hace necesario en Colombia hablar y escuchar con amplitud. "Todas las voces" (como en la canción) deberían ser escuchadas. Pero no se deben aceptar las imposiciones ni las pretensiones de que hay una verdad que vale para todos. Por eso mis escritos pueden ser copiados, utilizados, replicados, discutidos, apropiados o controvertidos en cualquier medio y por cualquier persona, siempre que se cite a su autor.

El maestro Estanislao Zuleta solía afirmar que uno de los más grandes aportes de la civilización griega a la humanidad es la perspectiva. Pero no aquella que nos hace pensar en la geometría o en las artes pictóricas sino una más necesaria para la vida cotidiana: aquella que valida la existencia de múltiples puntos de vista sobre diversos asuntos. Decía que uno de los más claros ejemplos de esa perspectiva está en los Diálogos de Platón.

Platón no intenta persuadir a sus contertulios sobre aquello que piensa, solo les lleva a considerar opciones diferentes sobre lo que cada uno de ellos considera "verdad". Y entonces se pone de manifiesto que el pensamiento es relativo, y que muchas veces nos dejamos llevar por opiniones (creencias no elaboradas, adscripción a ideas que escuchamos en boca de quienes consideramos "autoridades" en determinada materia, afirmación de prejuicios o miedos o sospechas).

El mismo maestro Zuleta, en un muy conocido texto (Acerca de la Ideología) dice que la ideología "le teme al vacío". Quizás por eso resulta tan cómodo buscar el abrigo de un grupo (un partido, una secta, una comunidad cerrada), al amparo del cual se pueden desentender sus integrantes de la exigencia de pensar. El temor al vacío lleva a suponer que quienes contradicen las ideas de un determinado grupo tiene "oscuros intereses" o "malignas intenciones", que algo hay de tramposo en sus argumentos y sus procederes.

Y cuando no son evidentes ni se manifiestan con claridad las torcidas intenciones de quienes disienten de la "verdad" del grupo, entonces se les atribuyen estrategias non sanctas. El grupo no puede dejar de pensar que quienes ha asumido como enemigos dejen de serlo; no puede aceptar que quien busca llegar a un acuerdo para evitar una confrontación que desborda las posibilidades del diálogo decida que son mejores los acuerdos en los que cada quien cede un poco que la búsqueda del "triunfo" de unas ideas por la eliminación de los contradictores.

La razón instrumental (unilateral casi por definición) desecha la posibilidad de considerar como opción comprender visiones ajenas: se interesa por hallar UNA verdad que satisfaga a todos, lo que supone que quienes se aparten de esa verdad resulten marginados, o perseguidos o condenados (moral, social o penalmente). Quizás supera la visión medieval de la aceptación ciega de la autoridad (de los reyes o de los clérigos), pero sigue siendo "ciega" frente a opciones que no se allanan a sus criterios.

No puede haber "positivismo" de las ideas sobre la sociedad, porque la sociedad misma es una invención y una búsqueda, y no hay fórmulas que nos digan que determinada forma de convivencia es mejor que otras o superior a otras: Colombia nos muestra centenares de modos de vivir, diferentes a los de quienes hemos aceptado el encierro y los códigos de las ciudades.

El unilateralismo se sustenta en una visión simplista de la realidad. En este país se habla de un conflicto e inmediatamente se instituyen partidarios de una u otra posición, de uno u otro actor. Pero un conflicto es un efecto de una situación, lo que debería llevar a que se pensara cuáles con sus causas cercanas y sus causas remotas. A mí se me ocurre que si uno perdona a quienes en un enfrentamiento dieron muerte a unas personas (soldados, campesinos, guerrilleros, empresarios, etc.), entonces está perdonando a quienes provocaron el enfrentamiento (y no solo a quienes terminaron siendo los actores "materiales" del mismo).

Y la realidad es compleja, tremendamente compleja. En Colombia ha habido muertos por causa de una tonta filiación a un partido que se expresa con un trapo de cierto color; y más muertos porque se siguió a caudillos que jamás pensaron en beneficiar a sus seguidores y en cambio sí en aprovechar su apoyo para ganar poder político pero, sobre todo, económico; y demasiados muertos porque enmascarándose en la "verdad" de un grupo se atribuyeron crímenes a quienes sencillamente buscaban opciones de vida.

Conversar: convocar versiones diversas para poder examinarlas y llegar a comprender por qué y cómo otras personas piensan de manera diferente.

El asunto no es de SI o de NO a un plebiscito. Se trata de que seamos capaces de vivir del mejor modo posible en el reducido espacio que nos corresponde.


martes, 8 de marzo de 2016

SEMINARIO-TALLER DE REDACCION Y EDICION DE TEXTOS EXPOSITIVOS

Luis Jaime Ariza Tello, Comunicador Social
Especialista en Teoría y Métodos de Investigación en Sociología
Universidad del Valle


Presentación

El Seminario-Taller de Redacción y Edición busca atender una necesidad (en buena parte una demanda no explícita) de profesionales en formación y graduados de programas universitarios con respecto al dominio de operaciones básicas para la producción de textos expositivos. Tal necesidad se manifiesta en la dificultad que un número considerable de ellos experimenta con respecto a la elaboración de escritos académicos (reseñas, comentarios, análisis, ensayos, monografías y tesis de grado), o documentos necesarios para el desempeño de sus labores profesionales (informes, ponencias, artículos, proyectos), principalmente en términos de estructurar y desarrollar planteamientos de manera clara y coherente, con arreglo a la construcción sintáctica y a la lógica interna del discurso escrito.

En muchos casos, tal dificultad se asocia con la existencia de limitaciones para acceder a tipos de discurso de cierta complejidad, lo que revela la estrecha relación entre la lectura y la producción de escritos; pero en general se funda en el desconocimiento (y la no apropiación en su dominio) de operaciones de sentido sintácticas, lógicas, semánticas y pragmáticas que hacen comunicable un escrito.

Justificación

Un punto de partida —necesario— para trabajar la escritura expositiva es la consideración de que esta constituye un problema cuando no satisface las condiciones de lectura del destinatario de un texto. Tal postura hace énfasis en un aspecto crucial del trabajo de elaboración de cualquier escrito: su carácter de producto de comunicación, a través del cual se restituye la presencia de, al menos, dos actores (autor y lector), presencia que de alguna manera ha sido ignorada por las prácticas de escritura en los programas de educación formal.

Tradicionalmente el asunto ha sido tratado en ese contexto como un problema de desconocimiento de la gramática, por lo cual en los espacios académicos se sigue aún trabajando en la perspectiva de "repasar" o "apuntalar" la información contenida en los libros de español (tal vez con sustentaciones o argumentos más elaborados) o en seguir las orientaciones de manuales de redacción, planteándose la disyuntiva de decidir entre lo "correcto" y lo "incorrecto" en el uso de la lengua, tratando de puntualizar reglas (a partir de la posición del docente) o hallar venturosas fórmulas (en la posición del estudiante) que garanticen "escribir bien". Por otra parte, las situaciones que exigen la producción de escritura están comúnmente asociadas con proceso evaluativos en los que se confiere mayor importancia a la información contenida en un examen o un trabajo escrito, al acuerdo de unos enunciados con los planteamientos de una disciplina, razón por la cual poco o ningún interés se genera en torno a la definición de las condiciones de aceptabilidad de un escrito.
La importancia de situarse —para la realización de un seminario-taller sobre la escritura— del lado del destinatario reside en que mediante una estrategia de sensibilización la lectura permite dar cuenta de distintos niveles y aspectos de la organización textual, que en un escrito se expresan como "anomalías" o problemas, y alrededor de los cuales es posible construir una noción que sitúa en otro terreno (la teoría del discurso, del texto) el análisis, la discusión y las propuestas de trabajo en torno a la escritura.

Si se adopta este enfoque, no parecerá extraño el que se puedan plantear y absolver frente a un escrito preguntas como si es o no escritura; si es "determinable", en el sentido de que pueda establecerse sin ambigüedad de qué habla; si hay "precisión" en el uso del léxico; si es "coherente", es decir, si permite ver claramente las relaciones que se establecen en su organización global; si hay articulación entre las diferentes ideas que en él se expresan; si autor y lector comparten el mismo sistema de presuposiciones.

Por supuesto, el esfuerzo por responder preguntas de este tipo nos lleva a la gramática y al dominio de diversas competencias. Sin embargo, el énfasis de nuestra diferente orientación está dado por la indagación acerca de la eficacia del escrito, el mayor o menor grado en que éste produce ciertos "efectos de sentido" referidos a su organización lineal, su estructuración, su complejidad, su ordenamiento lógico y conceptual, o sus contextos de producción y de lectura.

El concepto básico del Seminario‑Taller que aquí se propone tiene que ver con la intención de que los asistentes hagan conciencia sobre el proceso de la escritura, alrededor de un trabajo permanente de análisis y elaboración conceptual, re‑escritura o transformación de escritos, y producción de textos expositivos de mediana extensión.

Antecedentes

El Seminario‑Taller de Escritura, como propuesta, tiene su origen en una experiencia académica adelantada en la Universidad del Valle con el Plan de Estudios de Comunicación Social, por iniciativa y bajo la orientación del Profesor Jesús Hernán Lozano Hormaza. El Taller de Redacción, con duración de dos semestres consecutivos y una intensidad de seis horas semanales, permitió la conformación de un equipo de estudiantes que produjo con el Profesor Lozano una "Guía de Edición", propuesta como material que "orienta un tipo especial de lectura en la que se busca ubicar ciertos problemas manifiestos en el texto expositivo, y cuyo origen se encuentra en el proceso de producción del discurso como mensaje escrito". Esta Guía consideraba dos grandes niveles de constitución del discurso escrito: el primero, concerniente al plano de la estructura superficial y referido al ordenamiento secuencial de las partes del escrito en el curso de la exposición, abarcando también la organización sintáctica así como los indicadores gráficos de las operaciones y transformaciones que en ella se realizan; el segundo nivel, de la estructura profunda, relativo a la organización lógica y conceptual, y el ordenamiento de las tópicas que se desarrollan.

Posteriormente se hizo una adaptación de este Taller para el trabajo con estudiantes de primer semestre de la Facultad de Filosofía de la misma Universidad y con un grupo de docentes de diversas Facultades, entre 1979 y 1983. Subsiguientes experiencias, realizadas con personal administrativo de diversas entidades y con estudiantes de Publicidad y Diseño Gráfico (Escuela de Comunicación del Centro de Estudios Profesionales y Escuela de Diseño Gráfico del Instituto Departamental de Bellas Artes, y Universidad Santiago de Cali, así como la Carrera de Comunicación Social de la Universidad Central, en Bogotá) permitieron validar y afinar algunas de las herramientas y los materiales para los Talleres.

Objetivos

El Seminario‑Taller de Escritura busca hacer explícitas las operaciones "fundantes" de la escritura, posibilitando el reconocimiento de los elementos que intervienen en tales operaciones, así como de los "efectos de sentido" que la escritura plantea para un lector crítico ideal (editor).

Como Seminario, esta experiencia propone una aproximación básica a distintos desarrollos de una Teoría General del Lenguaje, la Teoría del Discurso y la Teoría del Texto.

Como Taller, la experiencia busca construir herramientas y elaborar nociones y conceptos, en orden a lograr un manejo conciente (razonado) de las condiciones de producción y de lectura de textos expositivos.

El Seminario-Taller aporta herramientas y nociones para la producción consciente y razonada de textos que satisfagan las exigencias de los públicos lectores para los que se proponen.

Metodología y Programa de Trabajo

El Seminario‑Taller propone una serie de experiencias prácticas, en las que se articulan el trabajo individual y colectivo de los asistentes, a partir de un conjunto de materiales presentados como pre‑textos, bien para que se realice algún tipo de intervención sobre los mismos (en el caso de escritos que evidencian "problemas" de lectura/escritura), bien para efectuar análisis y discusiones que permitan una elaboración conceptual acerca de un aspecto particular (por ejemplo, deixis, determinación referencial o determinación sintáctica, universos de discurso, marcadores semánticos, conectivos, etc.), o para retroalimentar el proceso que tiene lugar en el mismo Taller, y/o para presentar desarrollos de algunos de los aspectos que se aborden en el Seminario.

La participación de los asistentes se activa en la medida en que asumen el rol de "editores" o lectores críticos de los textos de otros participantes. Progresivamente la labor de editores y autores se va haciendo más exigente, en la medida en que se abordan aspectos referentes a niveles de mayor complejidad de los textos. Quien orienta el trabajo actúa como proponente de "juegos" o "problemas", como "moderador" de la discusión que los materiales suscitan en el grupo de asistentes y, en algunas ocasiones, como re‑elaborador de conceptos y nociones que van produciéndose colectivamente.

A manera de ilustración, se indica una secuencia de los aspectos que entraría a considerar el Seminario‑Taller. La presentación como secuencia de efectos de sentido atiende a un ordenamiento de exigencias o condiciones de lectura que parten de los niveles básicos de estructuración del discurso escrito.

1. Legibilidad

Alude a la posibilidad de que sobre un conjunto de elementos gráficos se ejerza la operación de leer. Escritura y lectura son operaciones recíprocas: la primera instaura y exige la segunda; pero la escritura se constituye sobre la base de un distanciamiento con relación al discurso imaginario y al di­scurso situacional. El escrito legible, entonces, se caracteriza por tener una tópica nombrada y definida; la saturación de los deícticos (formas pronominales, demostrativos) debe darse dentro del escrito mismo y no remitir a la situación del coloquio o a elementos imaginarios; las personas instauradas por los pronombres y las formas pronomi­nales deben definirse en el interior del texto y no depender de una imposible saturación contextual.

2. Determinación

La determinación tiene que ver con las operaciones de "anclaje textual" al interior del escrito e, igualmente, con su estructuración sintáctica: en un escrito determinable la ambigüedad sintáctica no tiene lugar. Un escrito "indeterminado" (o indeterminable) se caracteriza por presentar anáforas no saturadas (sin antecedentes definidos o con varios posibles antecedentes); oraciones inconclusas o ambiguas, sin sujeto definido o con varios posibles; inclusiones infinitas en las que se suceden, sin solución de continuidad, coordinaciones, yuxtaposiciones o subordinaciones; frases "abiertas" (sin complementos) o paralelismos incompletos (paréntesis abiertos). La inde­terminación también se manifiesta por el uso inadecuado o la caótica distribución de los marcadores semánticos superficiales (que en la gramática se proponen apenas como signos de "puntuación", pero que son indicativos de distintas “operaciones de sentido”, como la clasificación, la inserción, el modo como se enuncia el discurso, la transposición de elementos en frases u oraciones, o la supresión de palabras o expresiones ya nombradas).

3. Coherencia

La coherencia de un escrito depende de la definición de una temática y un eje de pertinencia. La tematización permite seleccionar un aspecto como "foco", de modo que los restantes pasan a ser desarrollo o sustentación del primero, su comentario o su expansión. La focalización de un escrito permite plantearse preguntas sobre su grado de desarrollo, sobre la pertinencia estricta del mismo con respecto al tema propuesto, la relación entre unos y otros aspectos del tema abordado, la importancia o la relevancia de algunos segmentos con respecto a otros.

4. Articulación

La articulación de un escrito tiene relación directa con la forma como se disponen secuencialmente sus partes; es decir, con su organización lineal. La articulación se manifiesta en la fluidez, en la transición de un tema a otro o de un aspecto a otro, en la forma como se concatenan los párrafos entre sí y unas partes con otras. Los conectivos entre oraciones o entre párrafos cumplen un papel fundamental como elementos de cohesión y permiten, en ocasiones, estable­cer ciertos re‑envíos textuales o determinar el tipo de relación que se esta­blece entre diversas unidades del texto.

Interesados: contactarme a mi mail (lujarte@yahoo.com)